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Historias de las cuencas Grijalva-Usumacinta

Cangrejo azul (Cardisoma guanhumi) en Paraíso, Tabasco. Foto: Arturo Ávalos

El cangrejo azul, una especie perseguida en Tabasco

Su imagen apareció en la película Roma y tiene dos estatuas en Paraíso, pero eso no ha impedido que la captura indiscriminada haya reducido su población en un 90%. Una familia de pescadores lucha desde hace 8 años para rescatarlo

Por: Francisco Cubas

Una crisis económica y personal llevó a Elder Osorio Santos a tomar conciencia de que en México estábamos acabando con nuestras especies marinas, y a emprender una difícil y quijotesca lucha para proteger al cangrejo semi terrestre más grande del Golfo de México, el cangrejo azul (Cardisoma guanhumi).

A principios del siglo XXI, un repunte en las actividades petroleras en su natal Paraíso, municipio costero de tabasco de Tabasco, propició el abandono de las cooperativas de ostión, una actividad de toda la vida en esa región. Todos querían trabajar con las compañías petroleras extranjeras contratadas por Pemex, donde los sueldos eran mucho más altos y el trabajo, pensaban, estaba seguro. Pocos podían haber previsto que el desplome de la producción terminaría de golpe con casi todos esos empleos, dejando serios problemas de marginación y delincuencia en la zona. 

Elder y varios de los 10 miembros de su familia, pescadores de toda la vida, vieron disminuir de golpe sus ingresos y se inscribieron en los programas de trabajadores migratorios temporales en Estados Unidos, para ir a cosechar ostiones y jaibas durante seis meses de cada año a Carolina del Norte. 

Elder Osorio Santos, impulsor del proyecto “Santuario del cangrejo azul” en Paraíso. Foto: Arturo Ávalos.

“Estuve yendo a Estados Unidos durante diez años”, cuenta Elder, “y eso cambió mi visión del aprovechamiento de las especies. Me asombró ver todos los reglamentos y la legalidad que tienen allá. Hay medidas mínimas establecidas para poder pescar un ostión o una jaiba, sólo puedes tomar animales adultos que ya se hayan reproducido, y hay inspecciones constantes, y vigilancia de la policía en las áreas de pesca. Me di cuenta de que en mi tierra lo estábamos haciendo todo mal, y que así íbamos a acabar con todo”. 

El legado de Pemex

Elder nació en una familia de pescadores y trabajadores del ostión, en el ejido Puerto Ceiba, municipio de Paraíso, Tabasco, a orillas de la laguna Mecoacán, un enorme cuerpo de agua de más de 5 mil hectáreas, rodeado de manglares y con bancos de mejillones y ostiones, comunicado con el Golfo de México. Un tesoro silvestre que ha tenido la mala suerte de estar a tan sólo unos metros de Dos Bocas, el puerto petrolero de Pemex donde ahora se construye además una nueva refinería. Estudió la carrera de Técnico Mecánico Naval en el Centro de Estudios Tecnológicos del Mar en Frontera, otro puerto tabasqueño, pero nunca la ejerció, y siguió con la tradición pesquera de sus ancestros.

Cuando Elder pudo volver a estar permanentemente en su patria, reunió a la familia y les dijo que tenían que hacer algo para detener el saqueo indiscriminado de las especies, especialmente del cangrejo azul. Él recordaba como cuando era pequeño en el terreno de su familia, a orillas de los manglares de la gran laguna, recogían hasta 100 cangrejos en una sola noche. 

Hace 20 años era fácil observar cientos de cangrejos por las calles de Paraíso. Foto: Arturo Ávalos

Eran famosas las “corridas” el viaje de cangrejas hacia la playa, para desovar. A los grupos de cangrejos les llamaban “manchas”. Se veían manchas de 100 a 200 cangrejos cruzando las calles. “Hace 20 años que vi la última mancha grande”, cuenta Elder, “ahora con trabajo te encuentras una de 5 o 10, si tienes suerte. En las pláticas con las personas mayores nos cuentan que antes los cangrejos pasaban por todo el centro de la ciudad de Paraíso, había que sacarlos de las casas”. Un cangrejo azul tarda hasta cuatro años para llegar a ser adulto, de ahí que sea especialmente vulnerable a la sobre explotación. Se estima que pueden llegar a vivir entre 11 y 14 años, pero en Tabasco, desgraciadamente, ninguno llegará a esa edad .

En las pláticas con las personas mayores nos cuentan que antes los cangrejos pasaban por todo el centro de la ciudad de Paraíso, había que sacarlos de las casas

Elder Osorio Santos

Hace 15 años la construcción de una barda perimetral del puerto Dos Bocas bloqueó el paso de las cangrejas hacia el mar, y las nuevas carreteras no planearon pasos para los cangrejos, es más, no hay una sola señal de tráfico pensada para ellos. Esto, más el aumento de la población y la urbanización acelerada de la zona, han sido letales para los cangrejos, a pesar de que este animal es el símbolo del municipio. 

La escultura que aparece en la famosa película Roma está ubicada en Puerto Ceiba, poblado vecino a Paraíso.
La segunda escultura está en la cabecera municipal de Paraíso. Foto: Arturo Ávalos

Todos los mexicanos amantes del cine han visto una estatua del cangrejo azul que aparece en una escena de la famosa película Roma, que fue filmada, precisamente, en Paraíso. En la ciudad no hay una, sino dos estatuas en su honor, y casi cada año en el desfile de carros alegóricos de la Feria Tabasco el crustáceo es el representante del municipio, pero no existe ningún plan de manejo y no hay ninguna iniciativa de gobierno para su rescate. Por las calles de la ciudad se venden sin ningún recato montones de 10 a 12 cangrejos juveniles, que no han podido aún reproducirse, en 200 pesos. Su venta es un buen negocio, una persona experta puede desenterrar entre 30 y 40 cangrejos en una mañana, ganándose unos 600 u 800 pesos por el día, lo cual es una fortuna para una ciudadanía que presenta altos niveles de marginación, luego de la caída de la industria petrolera y la desaparición de las compañías que ofrecían brillantes empleos. Hay que señalar también, que en algunos lugares de Latinoamérica a estos cangrejos sólo se les quitan las manos, que ellos pueden regenerar en unas semanas, y así se consume su carne sin matarlos.

Una especie entre dos aguas

El Cardisoma guanhumi es una especie maravillosa, que ha sido poco estudiada. Vive por toda la costa atlántica, desde Florida hasta Sudamérica, incluyendo las costas del Caribe y parte de África. Es de gran tamaño, llegando a pesar hasta 500 gramos, y su color azul es hermoso. Habita en manglares, cocoteros y pastizales, y aunque puede vivir varios kilómetros tierra adentro, sus huevecillos sólo pueden crecer en el mar, así que las hembras siempre tienen que llegar a la playa a desovar. El animal pasa por cuatro etapas en su crecimiento: huevo, zoea, megalopa, juvenil y adulto. Es en la etapa juvenil cuando los cangrejos son arrastrados por las mareas hacia las lagunas y manglares para iniciar su vida en tierra y reiniciar el ciclo. 

Hay mucho que estudiar sobre su sentido de la orientación para encontrar una playa en la que nunca han estado en su vida. Se sabe que la polarización de la luz les sirve de guía durante el día, y que pueden identificar el sector más brillante del horizonte durante la noche. Pero también utilizan otros métodos, como la geotaxis (orientación por la gravedad), las vibraciones del suelo y los vientos. 

Los cangrejos utilizan la luz polarizada, la gravedad y vibraciones del suelo para orientarse: Foto: Arturo Ávalos

El cangrejo juega un papel importante en la ecología de los manglares y las zonas adyacentes. Es omnívoro, pero se alimenta principalmente de hojas de mangle blanco y rojo, con lo cual recicla la materia orgánica que cae al agua, y al ser capturado y comido por otras especies, contribuye a la cadena alimenticia del ecosistema. 

Curiosamente, en Estados Unidos no se lo comen, y en los jardines y cultivos de Florida se le ve como plaga, porque puede salir hasta a cinco kilómetros de la costa para alimentarse, sin embargo, en toda el área que corresponde a Mesoamérica y el Caribe ha sido consumido desde hace miles de años, como nos demuestran los hallazgos arqueológicos.

Restos de cangrejo en Teotihuacán

Un estudio reciente encontró restos de cangrejo azul en la periferia del área turística de Teotihuacán, en el Barrio de Teopancazco. Se encontró dentro de una gran concentración de restos de fauna costera poco común en el contexto arqueológico teotihuacano, entre los cuales se encuentran 30 placas subdérmicas (osteodermos) de cocodrilo, 1,098 huesos de pescados, una espina de erizo de mar y diez manos de cangrejos que pudieron preservarse por más de 1,400 años en el sitio de estudio. 

Imagen del fragmento de cangrejo azul hallado en Teotihuacán. Foto: Rafael Reyes

Hasta donde sabemos hoy, Teotihuacán estuvo ocupado por diferentes grupos humanos a lo largo de seis etapas. Los restos de cangrejo azul corresponden al llamado período Xolalpan tardío, entre los 500 y 600 años de nuestra era (es decir, cuando todavía existía el imperio romano). Este hallazgo muestra una conexión milenaria entre los pueblos del altiplano y los de la costa, y también un gusto ancestral por el consumo del cangrejo azul. 

Un largo camino de trámites hacia la nada

Elder y su familia se propusieron crear un santuario para desarrollar la crianza sustentable del cangrejo y generar conciencia ecológica entre la población. En el 2012 comenzaron a cuidar a los cangrejos que vivían en las 10 hectáreas de su terreno privado. En el 2015 comenzaron a recolectarlos para alimentarlos y llevar las hembras al mar para el desove. Sin saber bien qué camino tomar para obtener un aval oficial de su iniciativa, se acercaron a la Profepa, pero los dijeron que no es una especie protegida oficialmente, así que los mandaron con Sagarpa, de donde los mandaron al Conapesca, donde no obtuvieron respuesta. En el 2017 se acercaron al Inapesca, donde iniciaron un trámite que duró dos años, hasta que en 2019 les dijeron que no era viable, sin explicarles el motivo. 

“Yo no entiendo”, dice Elder, “cómo es que a nosotros, que estamos haciendo un esfuerzo para conservar una especie tan importante para el pueblo, y que queremos hacer las cosas legalmente nos ponen tantas trabas y tantos trámites, mientras que a plena luz del día y frente a todos hay gente pescando y saqueando ilegalmente a la que no le hacen nada”. 

“Yo no entiendo cómo es que a nosotros, que estamos haciendo un esfuerzo para conservar una especie tan importante para el pueblo, y que queremos hacer las cosas legalmente nos ponen tantas trabas y tantos trámites, mientras que a plena luz del día y frente a todos hay gente pescando y saqueando ilegalmente a la que no le hacen nada”. 

Elder Osorio Santos

Durante esos años, han recibido asesorías para el proyecto por parte del Colegio de la Frontera Sur, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, el Colegio de Posgraduados y la Universidad Politécnica del Golfo. Han dedicado miles de horas de su valioso tiempo a incontables talleres, reuniones, trámites, etc, sin poder establecer el santuario como un organismo oficial, y sin convencer a las autoridades de que protejan oficialmente al cangrejo en Tabasco.

Curiosamente, en el 2016 el gobierno mexicano publicó una veda temporal para la pesca comercial del cangrejo, pero sólo en las aguas de jurisdicción federal del estado de Veracruz. El mismo Inapesca informó que en ese estado había disminuido hasta en 90% la población del cangrejo entre 1998 y 2014. En el documento publicado en el Diario Oficial de la Federación apuntaba que: “El aprovechamiento desmedido de este recurso… ha generado repercusiones de tipo económico y social, requiriéndose en consecuencia la adaptación de medidas encaminadas a la recuperación de las poblaciones aprovechables”.

No hay estudios científicos sobre el cangrejo en Tabasco, ni tampoco estudios sobre su pesca y comercialización. Aunque oficialmente no hay permisos para su captura, todo mundo sabe que es plato fundamental de la cocina paraiseña. 

El sueño de Elder Osorio, retrasado por la burocracia. Foto: Arturo Ávalos

En noviembre de 2019 apareció una nota en el portal oficial del Inapesca, anunciando la realización de una: “investigación científica sobre el cangrejo azul, Cardisoma guanhumi, con el fin de conocer el estatus de la especie y la actividad extractiva en torno a la misma, y para determinar las zonas, artes de pesca, temporadas de captura, tallas mínimas, periodo de reproducción, reclutamiento y otros factores que permitan el aprovechamiento productivo de la especie”.

El responsable de la investigación, según la nota oficial, era Raúl E. Lara, del Centro Regional de Investigación Acuícola y Pesquera (CRIAP) en Ciudad del Carmen, Campeche. “Platicamos con él”, cuenta Elder, “estaba iniciando el trabajo, pero a principios del 2020 dejó de trabajar para el gobierno, así que la investigación seguirá esperando”. 

En junio del 2019, el proyecto del Santuario del Cangrejo Azul recibió el Premio Estatal de Ecología José Narciso Rovirosa, en la categoría de investigación en la protección ambiental o acciones contra el cambio climático. El premio no es económico, y hasta el momento no ha cambiado nada las dificultades que enfrenta esta iniciativa promovida enteramente por un pequeño grupo de ciudadanos. 

El proyecto de Elder y su familia sigue a la espera del tortuoso camino de los trámites oficiales. Mientras tanto, cada día cientos de cangrejos juveniles son capturados y vendidos, sin ninguna restricción, en las calles de Paraíso. 

Esta historia ejemplifica el problema más grave de la conservación en México: con las leyes que tenemos actualmente es mucho más fácil y barato depredar y explotar los ecosistemas que establecer iniciativas para conservarlos. 


Parientes de arañas e insectos

  • Los cangrejos pertenecen al subfilo crustáceos, que abarca unas 67 mil especies. 
  • Los crustáceos son parte del filo artrópodos, que incluye animales invertebrados dotados de un esqueleto externo y apéndices articulados; como los insectos, arácnidos, crustáceos y miriápodos, entre otros.
  • Hay más de un millón 200 mil especies descritas, en su mayoría insectos (un millón), ​que representan al menos el 80% de todas las especies animales conocidas​. 

Para saber más:

Historia natural del cangrejo azul (Cardisoma guanhumi).

Acuerdo de veda temporal para el cangrejo azul en Veracruz.

Restos de cangrejo azul en Teotihuacán.


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