El mango, un regalo de la India a México
A pesar de que muchas personas lo consideran una fruta mexicana, este maravilloso árbol llegó a nuestro país por primera vez en el siglo XVIII

Los árboles de mango son una visión recurrente en las rancherías y ranchos en buena parte de las cuencas Grijalva-Usumacinta. Con su gran altura, sus amplias y frondosas copas, y sus exquisitos frutos, son parte entrañable del paisaje cultivado en este territorio, y en muchos otros territorios del estado mexicano. Es difícil encontrar una casa en el campo que no esté sombreada por una de estas plantas, que pueden vivir más de cien años.
Cualquiera que haya crecido en este territorio podría recordar con cariño el alivio que supone su ancha y fresca sombra en medio de un día de mayo; el brillo dorado de sus pequeñas flores en el sol de la tarde; la paciente espera por la madurez de sus frutos, que pueden pasarse cuatro meses colgando de las ramas; el característico susurro del viento y el golpeteo de la lluvia en su espeso follaje.
Pero estos árboles no siempre vivieron aquí. En realidad, si uno se adentra en los poquísimos paisajes todavía silvestres no encontrará ningún mango. No es un habitante original del continente americano, sino que surgió hace unos 20 millones de años en los territorios que hoy llamamos India, Borneo, Sumatra, Bangladesh y Nepal.